Pablo Emanuel «Chicharro», el payaso que le dice “vecino” y comparte sonrisas.

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pablo emanuel chicharro
En la esquina de San Martín y Sargento Cabral, en Barranqueras, encontramos a Pablo Emanuel «Chicharro», conocido por todos simplemente como #Chicharro.
Tiene 40 años y nació y se crió en el barrio Provincias Unidas de Resistencia. De joven, viajó por el país y hace poco más de dos años decidió volver a su querido Chaco. Primero se estableció en el barrio Barberán, cerca del aeropuerto de Resistencia, y finalmente llegó al barrio La Loma de Barranqueras, donde hoy vive.
Chicharro es payaso de profesión, un camino que le debe a W.R., su maestro y mentor. Lo conoció gracias a la mamá de W.R., la kiosquera del barrio, un día, conversando con ella, se enteró de que Pablo soñaba con aprender el arte del payaso y los malabares. Su hijo, que ya estaba en esta profesión, los presentó, y allí nació una amistad que marcó su vida. Fue W.R. quien le enseñó a hacer malabares y quien tuvo gran influencia en su desarrollo. Recuerda que en la primera clase W.R. le sugería probar otra actividad, pues no lo veía como payaso. Sin embargo, la vida demostró que ese talento estaba allí, esperando salir, y lo hizo con mucho esfuerzo. Más adelante, incluso llegaron a trabajar juntos, lo que para Chicharro fue una agradable sorpresa.
Hoy, en la esquina de Barranqueras, Chicharro se gana la vida en lo que él llama su “opción B”, su trabajo como payaso en el semáforo. Acude a la esquina cada vez que su economía lo requiere, es decir, cuando le falta dinero para cubrir sus gastos. Su saludo característico, un simple “vecino”, se ha convertido en su marca registrada y la forma en que se conecta con todos. Antes y después de cada mini show frente a quienes esperan el paso del semáforo, Chicharro usa el humor y la sonrisa del payaso. Muchos, con grata sorpresa, colaboran con un pago voluntario. Se escucha un constante “muchas gracias” y se percibe la educación de quienes le dan su colaboración, algo que él mismo ha aprendido de su mamá, docente, quien se encargó de que Pablo Emanuel, como cariñosamente la llama, fuera educado y agradecido.
Ser soltero y vivir solo le da la libertad de manejar su tiempo y su economía. Cree en Dios y confía en que siempre lo asiste y lo protege, al igual que confía en la generosidad de los automovilistas que pasan frente a él. A su vez, Chicharro también es generoso; muchas veces ayuda a personas en necesidad, como motoqueros que se quedan sin nafta, dándoles dinero para que puedan llegar a cargar combustible.
Aunque conoce otras profesiones, maneja camiones, ha sido carnicero y electricista, hoy a sus 40 años no encuentra trabajo formal y recurre a su talento de payaso para ganarse la vida.
Lleva más de 20 años alternando entre la profesión del payaso y otros trabajos, y desde que volvió al Chaco realizó trabajos precarios hasta quedarse únicamente con este oficio. Lo que lo mantiene en esta esquina es la decisión y su amor por la vida de payaso, y sobre todo, su forma de conectar con la gente diciendo “vecino” y compartiendo sonrisas.
Si queres conocer más sobre su trabajo o ofrecerle alguna oportunidad laboral, lo podés encontrar en Facebook y en Instagram como @ChicharroKool

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