Musulmanes del mundo dieron comienzo a un Ramadán «más libre» pese a la pandemia

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Musulmanes del mundo dan comienzo a un Ramadán

Este lunes iniciarón los tradicionales festejos por el mes sagrado del Ramadán, marcado por la luna nueva. Después de un año de restricciones y bloqueos, los musulmanes de todo el mundo podrán celebrar el culto islámico en las mezquitas, ahora abiertas, pero con las precauciones y medidas de bioseguridad por la pandemia de Covid-19.

La luna nueva marca el inicio del mes sagrado del Ramadán en Medio Oriente. Por segundo año consecutivo, las celebraciones se verán empañadas por la pandemia del Covid-19. Los rezos masivos en las mezquitas o los festines nocturnos en familia estarán limitados por las medidas de bioseguridad para evitar la propagación del virus, pero los musulmanes gozarán de mayores libertades que en 2020.

«A pesar de una pandemia como esta, el entusiasmo de los fieles por asistir a la mezquita sigue siendo alto. Por parte de la mezquita, se continúan siguiendo todos los protocolos de bioseguridad que han impuesto los Gobiernos central y local», explicó Muhammad Izzi. feligrés de Indonesia, donde los creyentes ya han dado comienzo a las oraciones del Tarawih (rezos nocturnos).

La luna nueva marca el inicio del ayuno y el mes sagrado del Ramadán

Este lunes 12 de abril, los musulmanes de Indonesia, Palestina, Marruecos o Líbano comienzarón con los tradicionales rezos y el ayuno –uno de los cinco pilares del islam– por el que durante todo el mes de abril deben abstenerse de comer, beber, fumar o tener relaciones sexuales desde el amanecer o Fajr, hasta la oración del atardecer o Maghrib, en árabe.

Y tal y como marca el calendario lunar, otros países situados más al este o al oeste inician las actividades religiosas el martes 13 de abril, dependiendo del avistamiento lunar la duración del Ramadán se prolonga entre 29 y 30 días, culminando con la festividad del Eid al Fitr o la “fiesta de romper con el ayuno”.

Este año, pese a las restricciones por el coronavirus, los fieles podrán celebrar con mayores libertades

Los Gobiernos de cada país de Medio Oriente, África y Asia donde se respeta el Ramadán han impuesto diversas medidas para evitar el contagio masivo.

Aun así, este año las celebraciones tendrán un tinte más alegre, puesto que los musulmanes podrán ir a rezar a las mezquitas –ahora abiertas al público respetando ciertas normas sanitarias–, reunirse con sus familiares más cercanos e incluso, en Arabia Saudita, los fieles del reino que estén vacunados podrán hacer el mítico peregrinaje a los lugares más sagrados para los musulmanes: la Meca y la Medina

Lejos quedan así las imágenes de las dos principales mezquitas del islam, que cada año atraen a millones de musulmanes, totalmente vacías. Este año, las cámaras de control de temperatura, el gel hidroalcohólico y la distancia de seguridad de dos metros marcarán el ritmo de las peregrinaciones.

Además, los líderes religiosos –temerosos de que el Ramadán ralentice las inoculaciones– han explicado a los feligreses que la vacunación no rompe con las normas del ayuno.

El director regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el doctor Ahmed Al-Mandhari, emitió un mensaje a los musulmanes a través de Twitter: «Este Ramadán continuemos practicando los principios clave de este mes sagrado: oración, reflexión, velar por nuestro bienestar físico y mental, no causar daño a los demás y ayudar a los pobres», advirtiendo que este mes «es más importante que nunca permanecer alerta y hacer concesiones por el bien de nuestra salud, así como por la salud de nuestros seres queridos».

Sin embargo, los ciudadanos de los países de Medio Oriente han sufrido durante el último año los estragos de la enfermedad mundial cuyas devastadoras secuelas continúan patentes en sus sociedades y sus economías, muchas dañadas por años de conflicto y endémicas crisis económicas, políticas y sociales, como en Líbano.

“Fuimos testigos de guerras y muchas cosas, pero tuvimos una buena vida. Hoy en día no puedes conseguir nada, si quieres cocinar tienes que calcular qué cocinar y qué comer, ¿de dónde sacaría la gente dinero?”, reclama Fayza Mesto, propietario de una tienda en Beirut, la capital.

El Covid-19 deja estragos en las débiles económicas de muchas naciones musulmanas

Si bien los contagios por coronavirus en Medio Oriente no alcanzan las dramáticas cifras como en otras regiones del mundo, sus frágiles economías y sistemas de salud se han visto duramente golpeados por la enfermedad, afectando a sus habitantes.

Líbano está sumido en su peor crisis financiera en décadas agravada por la pandemia, la inestabilidad política y la mortal explosión en el puerto de Beirut el pasado agosto, así como las revueltas sociales y las constantes manifestaciones contra la clase política dirigente.

En este contexto, muchos comerciantes libaneses se preguntan cómo van a celebrar el mes sagrado luego de un año de bloqueos y cierres constantes que han devastado sus finanzas. Por ello, en las calles de muchas localidades, usualmente decoradas con farolillos, linternas y demás ornamentos, no hay signos de ambiente festivo.

«Con la vacunación contra el coronavirus, la situación ha mejorado»

Por su parte, en Jerusalén los palestinos iniciaban el mes decorando con linternas de colores algunas áreas de la ciudad y los comerciantes sacaban sus tiendas a las plazas para vender todo tipo de dulces típicos de estas fechas.

Un atisbo de alegría se apreciaba en el ambiente, después de que el año pasado se suspendieran las oraciones en la Cúpula de la Roca y la Mezquita de Al Aqsa, el tercer lugar más sagrado del islam. «A causa del coronavirus, la situación ha sido mala para los comerciantes y la gente. Ahora, con la vacunación contra el coronavirus, la situación ha mejorado», señalaba el comerciante Mohammad Abu Sbeih.

Israel, líder en la vacunación contra el patógeno, ha comenzado a vacunar a los palestinos que viven en la histórica ciudad, por lo que las festividades del Ramadán podrán celebrarse en un ambiente más relajado respecto al año pasado.

Sin embargo, para los palestinos residentes en la ocupada Cisjordania la realidad es distinta y todavía desconocen si las autoridades israelíes ocupantes les permitirán el acceso a las mezquitas sagradas.

«El año pasado tuvimos cierre y perdimos (dinero), la gente no salió, las mezquitas estaban cerradas»

En la sitiada Franja de Gaza, donde recientemente se ha reportado un rebrote de contagios, las autoridades sanitarias han impuesto toques de queda nocturnos y restricciones a las grandes reuniones. Sus vendedores todavía guardan la esperanza de mejoría: “El año pasado tuvimos cierre y perdimos (dinero), la gente no salió, las mezquitas estaban cerradas, todo estaba cerrado. Trajimos productos, pero todo se almacenó para este año, lo perdimos. Este año esperamos que los productos que trajimos de Egipto y China se vendan”, dijo Hazem Assaq, comerciante gazatí.

Mientras que, en Egipto, las autoridades han permitido reabrir las mezquitas, un anhelado deseo para muchos musulmanes, como Magdy Hafez, quien soñaba con volver a los rezos grupales. La pandemia irrumpió el culto islámico en todo el mundo, “he estado yendo a la mezquita durante 40 años, así que definitivamente fue algo muy, muy difícil”, se lamenta el egipcio.

Cada país musulmán tiene sus propias tradiciones y formas de festejar el Ramadán, pero los 1.800 millones de fieles –incluso los que viven en países occidentales– tendrán la oportunidad de celebrar su culto en un ambiente menos hostil, pero con las precauciones ante el Covid-19.

Con AFP, Reuters y medios locales

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