Becaria relevó la composición y diversidad de los bosques de la Reserva Santa Catalina

Paula Nerea Victor, becaria de Ciencias Biológicas de la UNNE, registró 276 árboles de 49 especies en la Reserva Natural Municipal, en la zona periurbana de Corrientes, y encontró señales de recuperación en un bosque con historial de explotación forestal. El objetivo del trabajo es aportar información para su manejo y conservación.
Los bosques que crecen a la orilla de los ríos protegen el suelo contra la erosión, aportan materia orgánica al ambiente, regulan el paso del agua y de los nutrientes, además de conectar biológicamente distintos paisajes. A pesar de estas funciones, la tala y el avance de la actividad agropecuaria los ponen en riesgo.
En Corrientes, estos bosques varían mucho de un punto a otro en cuanto a las especies de plantas que los forman y en su disposición. Esa variación, observada de cerca, no coincide con las clasificaciones generales que existían hasta ahora, lo que dificulta su descripción y su manejo. Contar con un listado detallado de las especies presentes se vuelve una herramienta necesaria para orientar su cuidado.
Paula Nerea Victor, becaria de la carrera de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), lleva adelante en el Instituto de Botánica del Nordeste (IBONE) un trabajo de investigación sobre el bosque que crece junto al río en la Reserva Natural Municipal Santa Catalina (RNMSC), en la zona de transición entre el área urbana y rural de la ciudad de Corrientes. El proyecto está dirigido por el doctor Roberto Manuel Salas y codirigido por el doctor Félix Ignacio Contreras, ambos son docentes investigadores de la FaCENA UNNE.
La RNMSC fue creada por la ordenanza N° 7145, del año 2021. Se ubica en la desembocadura del Riachuelo sobre el río Paraná y ocupa 275 hectáreas, dentro de las cuales el bosque ribereño ocupa un lugar central por el valor que aporta al sistema. En esa zona, la temperatura media anual es de 21,5 grados, las lluvias rondan los 1.400 milímetros al año, los inviernos son secos, la pérdida de agua por evaporación es alta y cada cuatro a seis años se registran períodos con escasez de agua.
Ya existían relevamientos de árboles, mapas de la vegetación y estudios sobre las plantas de bajo porte y los mamíferos de la reserva. Sin embargo, la información sobre la composición, la disposición y el estado de conservación del bosque seguía siendo escasa.
Listado de la Vegetación
El trabajo que la becaria propuso, fue el de construir un listado de la vegetación boscosa de la RNMSC a partir de un muestreo organizado con un método fijo, con tres metas puntuales: registrar qué especies de árboles hay y en qué cantidad, describir cómo se distribuyen los árboles tanto en el plano horizontal (según el ancho de sus troncos) como en el vertical (según su altura), y completar la información de los mapas de vegetación ya existentes con datos que permitan compararlos con otros bosques a nivel local y regional.

Cuadrícula y muestreo
Sobre el mapa de las zonas boscosas ya disponible, se trazó una cuadrícula de 200 por 200 metros. En cada cruce de esa cuadrícula se ubicó un punto de muestreo, hasta completar 46 puntos repartidos de manera pareja por todo el bosque, a razón de un punto cada dos hectáreas. Cada punto se ubicó con GPS y luego se verificó en el terreno.
En cada uno de esos 46 puntos se aplicó una variante de un método llamado «punto-centro-cuadrante», que consiste en dividir el espacio alrededor del punto en cuatro sectores y, en cada uno, identificar el árbol más próximo. En este caso se relevaron los seis árboles más cercanos a cada punto que tuvieran un tronco de al menos 5 centímetros de diámetro medido a la altura del pecho. De cada árbol se anotó la especie, la altura y el diámetro del tronco.
El trabajo de campo consistió en nueve salidas de aproximadamente ocho horas cada una, entre mayo y octubre de 2025, con la participación de cinco colaboradores. El acceso al terreno resultó dificultoso por la vegetación densa y por las características del suelo.
Para describir qué especies había, se calculó cuántos árboles de cada una se encontraron en total y qué proporción representaban sobre el conjunto. Para describir cómo se distribuían los árboles según el grosor de su tronco, se los agrupó en rangos de diámetro; para describir cómo se distribuían según su altura, se los agrupó en niveles o estratos.

Registro de árboles y especies
Se registraron 276 árboles, pertenecientes a 49 especies distintas agrupadas en 28 familias botánicas. Las familias con mayor cantidad de especies fueron Fabaceae, Myrtaceae, Moraceae y Anacardiaceae. Las especies con más ejemplares fueron el urunday (Myracrodruon balansae), el burro ka’a (Casearia sylvestris) y el guayaibí (Cordia americana), seguidas por el ñangapirí (Eugenia uniflora), el horquetero (Tabernaemontana catharinensis) y una especie del género Zanthoxylum.
La riqueza de especies registradas es comparable a ciertos bosques relativamente conservados de Brasil y Paraguay, un dato que se contrasta con el historial de intervención humana que tuvo el sitio. El muestreo permitió recuperar el 73% de las especies leñosas que ya se habían documentado previamente para la reserva, y entre el 54% y el 93% de las que se habían registrado en estudios provinciales que abarcaron mayor superficie.
Al observar la distribución de los árboles según el grosor de su tronco, se encontró que predominan los individuos con troncos delgados, en una proporción que disminuye a medida que aumenta el diámetro. Este patrón se asocia a bosques en los que la regeneración —el reemplazo de árboles viejos por nuevos ejemplares— se mantiene activa. Dentro de ese conjunto, las especies que más aportaron al diámetro total del bosque fueron el guayaibí y el urunday, dos maderas utilizadas comercialmente, lo cual toma relevancia en un sitio con antecedentes de extracción forestal.
En cuanto a la altura, el 65% de los árboles se ubicó en el estrato medio y el 19% en el estrato bajo, mientras que los estratos alto y emergente (los de mayor altura) tuvieron pocos ejemplares. Al comparar este resultado con estudios de otros bosques ribereños de la región, se observó que el estrato alto tiene aquí una proporción menor de árboles que en esos otros bosques. Esto se interpreta como un rastro de cortes selectivos ocurridos en el pasado, que habrían afectado en mayor medida a los árboles de mayor porte y favorecido, en consecuencia, la acumulación de ejemplares en los niveles más bajos.

Políticas de manejo
El método de muestreo aplicado permitió cubrir de forma eficiente la superficie estudiada y quedó validado como una opción para futuros relevamientos en este tipo de ambientes.
La cantidad de especies registradas en una superficie reducida y con antecedentes de intervención humana se suma a la presencia de especies de valor comercial en un contexto de explotación forestal documentada. Al mismo tiempo, la estructura del bosque muestra huellas de esas intervenciones pasadas, visibles en la baja proporción de árboles en el estrato alto y en las clases de mayor diámetro. Sin embargo, el predominio de árboles jóvenes y la regeneración activa en los estratos inferiores indican que el bosque conserva su capacidad de recuperarse.
Estos resultados aportan una base para diseñar políticas de manejo y planes de conservación en la RNMSC, ajustados a la complejidad del sistema, y respaldan los esfuerzos de conservación que se vienen llevando a cabo. La becaria aclaró que los resultados presentados son parciales y serán insumos importantes para ser analizados dentro del plan de trabajo de tesis de graduación (en curso).







